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# Digger Rockwell no necesita mentir
- URL: https://www.medialuz.pe/digger-rockwell-no-necesita-mentir/
- Published: 2026-10-01T13:30:22.000Z
- Updated: 2026-10-01T13:30:21.000Z
- Description: RESEÑA | Alejandro G. Iñárritu construye alrededor de Tom Cruise a un millonario cuyo poder económico y político se ve enaltecido por la infalible arma de la narrativa. Digger es una película que puede parecer absurda hasta que uno reconoce cuánto de su absurdo proviene de la vida real.
- Author: Marce Rosales
- Tags: PANTALLA, Digger

Es fácil saber de qué lado está una película de Hollywood sobre un magnate petrolero. Sería más sencillo que Digger Rockwell fuera simplemente un imbécil. Un Tom Cruise avejentado y de acento sureño le da vida al empresario petrolero obscenamente rico, que provoca una catástrofe ambiental y está convencido de que su lugar en el mundo es bastante más importante que el del resto de la humanidad. El problema es que, de vez en cuando, dice cosas difíciles de descartar.

Uno de sus yacimientos en Groenlandia, gestionado negligentemente, es el detonante (literal y figurativo) de una amenaza para la humanidad. Un trozo de hielo tres veces más grande que Washington D. C. se dirige a Europa y promete ser una catástrofe. Un novato podría temblar por las consecuencias, pero Digger es un experto. Sobre todo, cuando goza de la confianza del presidente Compson (John Goodman).

Iñárritu no cae en el simplismo de hacer de Rockwell una mezcla de figuras controversiales de la política tan identificables sin necesidad de nombrarlas. Es ubicado dentro de un mundo que lo aborrece sin la necesidad de que su indignación se materialice en algún impacto que desafíe el statu quo.

¿Cuál es el truco para zafarse de críticas mundiales ante una catástrofe que cobró miles de vidas y millones en daños? No es mentir, es reacomodar la verdad. En una de las escenas centrales, no niega las acusaciones frente a representantes internacionales. Pero es brillante para redistribuir culpas. Acepta ser codicioso e irresponsable a costa de culpar a otras potencias mundiales de ser dependientes del petróleo que él extrae. ¿Construcción de casas? ¿Calefacción? ¿Autos? ¿Hospitales? Todo necesita recursos fósiles.

Alguien con tal destreza no podría faltar en el excéntrico comité de consejeros del presidente Compson, que incluye a políticos, altos mandos militares y hasta un estrambótico líder religioso. Digger es el encargado de construir narrativas que mantengan al mandatario respaldado a nivel mediático. No cualquiera puede darse el lujo de asesorar presidentes.

Compson es interesante justamente porque su ignorancia no equivale a torpeza política. Es un presidente astuto para gestionar el poder, capaz de utilizar a su círculo de confianza como escudo ante las críticas, culpar a otras potencias o convertir las amenazas a la seguridad nacional en combustible para su propio relato. Uno construye la narrativa y el otro se beneficia de esta.

El mal sabor llega cuando, en efecto, las personas pasan de condenar furibundamente al magnate para tragarse el relato de responsabilidad compartida y, de cierto modo, desarrollar simpatía por él. Demostrar inocencia es imposible, pero no ser el único culpable es suficiente.

Una catástrofe puede tener un culpable, pero encontrarlo no significa reparar sus consecuencias. El mundo sigue siendo un lugar que sufrió sin que nadie pague.

La historia no solo habla de un hombre hecho villano. También muestra qué hacemos con ese villano cuando ya lo hemos convertido en personaje. Lo ridiculizamos, lo interpretamos, lo hacemos espectáculo. ¿Y luego? La película cuestiona esa fascinación mientras participa de ella.

*Digger* no necesita que Digger tenga razón para que algunas de sus palabras resulten incómodas. El recurso de la cuarta pared termina apuntando también a Cruise y a Iñárritu: una película que habla de quienes fabrican el relato y muestra su propia fabricación. ¿Se puede denunciar el espectáculo desde adentro sin producirlo? Digger Rockwell tiene la respuesta.