Bosque de cuarzos
Inspirada en El árbol de la vida, de Gustav Klimt, Mélanie Jost construye un paisaje mineral en el que los cuarzos evocan las formas y el crecimiento de los árboles.
La resina tiene sus propios planes. Mientras permanece líquida, avanza en una dirección que no siempre coincide con la imaginada por quien la trabaja. Se puede orientar con calor, intentar conducir su recorrido, pero nunca dominarla del todo y eso la hace un material especial. Mélanie Jost lo aprendió con los años: "A soltar el control y fluir con la resina hacia donde ella quiere ir". En esa negociación encuentra una de las claves de Memoria del Bosque, su exposición en Oders, en Barranco.
La muestra reúne pinturas abstractas en las que la resina pigmentada convive con cuarzos de distintas formas y tamaños. Al recorrer las salas junto a la artista, la mirada se detiene en la textura de los minerales y en la profundidad que adquieren dentro de cada composición. Los cuarzos se integran a las obras y participan de su construcción.
La exposición toma como referencia El árbol de la vida, de Gustav Klimt. A partir de esa inspiración, Jost quiso explorar la conexión entre las personas y la naturaleza, en particular con los árboles y los cuarzos. "Me gustó ponerle esas flores en que se ven las puntas de los cuarzos. Van dirigidas en diferentes sentidos, de manera adrede, como para que pueda expandirse la energía hacia todos los lados, todo el espacio, el ambiente en donde están", explica.
Las formas y los tamaños de las piedras responden también a una decisión compositiva. Jost elige los cuarzos para sugerir flores, pétalos, ramas y troncos. Los minerales más pequeños pueden formar parte de estos últimos. Otros, por su volumen, adquieren presencia de flor. La intención es que la imagen del árbol no se quede quieta dentro del cuadro, sino que parezca crecer y proyectarse hacia afuera. "Nuestro objetivo es expandirnos lo más que podemos, así como lo hace la rama de los árboles, así como lo hace la energía de los cuarzos", dice.

Con el curador Martín Yépez, Jost articuló la exposición alrededor de tres ideas: conexión, continuidad y expansión. La primera remite al vínculo con la naturaleza; la segunda aparece también en el encuentro de materiales que responden a temporalidades distintas; la tercera se manifiesta en las formas que parecen dirigirse hacia diferentes puntos del espacio.
El montaje, además, dejó una coincidencia inesperada. Dos obras se habían realizado en meses diferentes y una de ellas ya estaba colgada fuera del taller. Al reunirlas en la galería, Jost y Yépez advirtieron que las piezas componían una suerte de círculo. "Hubo algo que no fue adrede, pero se creó ese círculo de vida que nos encantó", recuerda.
En las pinturas, cada cuarzo tiene una forma y un color particulares. Para Jost, esas diferencias están ligadas a distintas vibraciones y energías. La artista cree que el cuarzo que atrae a cada espectador puede relacionarse con aquello que necesita: "Yo les digo siempre: cuál es el cuadro o el cuarzo que te atrae, porque según eso es lo que tú necesitas. El cuerpo te va a indicar qué es lo que necesitas y a eso vas a ir".
El interés de Jost por este material la acompaña desde la infancia, pues su familia conversaba sobre estos temas. Más adelante empezó a estudiar cristaloterapia y, en paralelo, se formó en dibujo y pintura en Corriente Alterna. Trabajaba con acrílicos cuando se le ocurrió combinar la pintura con los minerales. Sin embargo, la mezcla no funcionó como esperaba y tuvo que aprender a trabajar con resina desde cero: cómo pigmentarla, producir efectos y generar texturas.
Ese cambio alteró también su manera de trabajar. "Cuando yo trabajaba con acrílico, lo que quedaba era lo que era. Ahora con la resina, no soy solo yo la que decide, el material también", explica. La resina se desplaza y el resultado no puede controlarse por completo. El calor permite orientar su recorrido, pero no garantiza un resultado exacto. La artista fue aprendiendo a observar lo que sucedía y a continuar a partir de ello, en lugar de imponerle una forma definitiva desde el principio.
La presencia de los cuarzos responde, además, a su deseo de que el arte exceda los límites del cuadro. Jost considera que las piedras pueden seguir actuando en el espacio incluso cuando no hay una persona manipulándolas en una sesión de terapia. La artista también recuerda el uso ancestral de minerales en distintas culturas, tanto en la joyería como en el arte y en herramientas de piedra. "Los cuarzos son parte de la naturaleza. Han existido desde antes que existiéramos", puntualiza.
Y si hay una lección que Jost extrae de este proceso, no es la idea de someter el material a su voluntad, sino la contraria: "A soltar el control y fluir con la resina hacia donde ella quiere ir".
Información
- Exposición: Memoria del Bosque
- Artista: Mélanie Jost
- Curaduría: Martín Yépez
- Lugar: Galería Oders (jirón Domeyer 270, Barranco)
- Fechas: Hasta el 14 de noviembre de 2026
- Horario: De martes a sábado, de 2 p. m. a 8 p. m.
- Ingreso: Libre