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Cine peruano hecho pintura

En Memoria a pantallazos, Lenin Auris lleva a la pintura escenas del cine peruano que vio una y otra vez mientras enseñaba apreciación cinematográfica.

Lenin Auris posa junto a un cuadro de su exposición Memoria a Pantallazos.
Para Lenin Auris, volver una y otra vez sobre ciertas películas terminó convirtiendo sus escenas en imágenes propias. En Memoria a pantallazos, esas imágenes salen de la pantalla y encuentran otra vida en la pintura. Foto: Alianza Francesa de Lima / Pablo Macalupu Cumpen.

Lenin Auris no pensaba hacer una exposición cuando empezó a proyectar cine peruano en sus clases de apreciación cinematográfica. Quería enseñar y, sobre todo, hacer distintas sus clases. En el instituto de Independencia donde trabajaba, muchos de sus alumnos llegaban sin haber visto películas que para él ya formaban parte de una memoria cinematográfica. Algunos habían escuchado hablar de La ciudad y los perros, pero no habían visto la película ni leído el libro.

“Cuando lo enseñaba no pensaba hacer ninguna muestra. Yo soy pintor, pero no pensaba nada de eso. Simplemente hacía las clases e intentaba hacerlas diferentes”, cuenta.

Ver una película hasta convertirla en fotograma

La repetición terminó cambiando esa relación con las películas. Algunas llegó a ver “casi 20 veces”, hasta reconocer los momentos que, según su propia mirada, eran importantes. No necesariamente los más conocidos, sino aquellos que se habían quedado con él.

“Las tengo en la memoria porque las he visto un montón de veces y recuerdo los fotogramas. Después busco el momento exacto para capturar la pantalla y luego ver los colores”, explica.

Así nació el procedimiento detrás de Memoria a pantallazos. El cine peruano visto desde el aula de un instituto. Auris selecciona escenas de películas como Días de Santiago, La ciudad y los perros, Gregorio, Juliana y El evangelio de la carne, captura un momento determinado y lo lleva a la pintura.

El aula también entra en el cuadro

Pero las imágenes no llegan solas. Las obras incorporan pensamientos del propio Auris durante y después de las clases, además de comentarios que escuchó de sus alumnos. Los subtítulos originales permanecen, de modo que las pinturas terminan construyendo una conversación entre las voces de las películas y la mirada del artista.

Las pinturas no nacen únicamente de las películas, sino también de la experiencia de enseñarlas. Para sus estudiantes, muchas de esas imágenes eran un descubrimiento. Para Auris, eran escenas que ya cargaban años de memoria. El aula se convirtió en el punto de encuentro entre ambas miradas.

Volver tantas veces sobre una película también permite descubrir cosas que una primera visión puede dejar pasar. Un encuadre, una frase o un personaje adquieren otro peso cuando se observan con la intención de explicarlos a otros. En el caso de Auris, esa repetición terminó convirtiendo determinadas escenas en imágenes independientes de las películas que las contienen.

Un cine que todavía habla del Perú

Y esas imágenes todavía tienen algo que decir sobre el país. En las películas aparecen personajes atravesados por situaciones de violencia, precariedad o desarraigo. Auris se detiene también en esas contradicciones: el exmilitar que no logra reinsertarse, personas y comunidades desplazadas socialmente, personajes vinculados al Estado que continúan viviendo en condiciones precarias. Son problemas pertenecientes a distintas épocas del cine peruano, pero que no necesariamente han dejado de resultar reconocibles.

Auris tampoco mira ese universo de lejos. El humor forma parte de su trabajo y ya estaba presente en series anteriores como Gastronomitis, donde utilizaba la comida peruana para aproximarse, desde la ironía, a la economía y al chauvinismo. En esta exposición vuelve a encontrar espacio para la sonrisa dentro de películas marcadas por conflictos mucho más ásperos.

Sacar el cine de la pantalla

La técnica también contribuye a sacar esas imágenes de la pantalla. Las pinturas están realizadas con pintura industrial satinada sobre MDF y dialogan con la estética de los antiguos carteles callejeros pintados. Una captura digital termina convertida en un objeto físico, trabajado a mano y separado del tiempo de la película.

Entre las obras, Auris tiene una elección para quien quiera acercarse por primera vez a su trabajo: Días de Santiago. La escena muestra al personaje ensayando un discurso. El encuadre cerrado hace pensar que está hablándole a alguien, pero cuando la toma se abre no hay nadie frente a él.

Es precisamente ese cambio de perspectiva lo que le interesa. Una escena parece decir una cosa y, cuando el plano se abre, obliga a mirarla de nuevo. Las películas que ya conocemos vuelven a aparecer detenidas en un instante particular, cargadas ahora con los recuerdos del artista y con todo lo que ocurrió alrededor de ellas.

Memoria a pantallazos es la primera parte de una serie. Auris trabaja en una segunda exposición que continuará el proyecto y ampliará su mirada hacia otros espacios de la sociedad popular. Por ahora, aquellas películas que alguna vez llevó a un aula abandonan la pantalla para quedarse en la pintura.

Información del evento

Memoria a pantallazos. El cine peruano visto desde el aula de un instituto
Artista:
Lenin Auris
Curaduría: Santiago Quintanilla
Lugar: Hall de Alianza Francesa de Lima – Sede Miraflores
Dirección: Av. Arequipa 4595, Miraflores
Fecha: Del 30 de septiembre al 28 de noviembre de 2026
Horario: Lunes a sábado, de 10:00 a.m. a 10:00 p.m.
Ingreso: Libre
Visita guiada: Viernes 23 de octubre, 7:00 p.m., a cargo de Lenin Auris y Santiago Quintanilla.

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